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Bullying ¡No te calles!

nota diario

La intimidación entre iguales o acoso (bullying), es la modalidad de violencia más generalizada y corrosiva en la escuela. Es el problema escolar número uno del mundo, pero como tal trasciende los límites de la escuela misma. Entra a ella de la mano de un fenómeno social más amplio, complejo e intrincado que se ha caracterizado recurriendo a la metáfora de las ‘tribus urbanas’: conjuntos que dan sentido de pertenencia a jóvenes que no en encuentran en otros ámbitos del entramado social contención.
Esta realidad adolescente tipifica al extremo las condiciones de pertenencia al grupo, exacerba pretendidas virtudes y rechaza supuestos desvíos y defectos. La intimidación pasa a ser el método de exclusión de manera física, verbal, social o psicológica.
El bullying se expresa de mil maneras. Apodar con ánimo de agraviar al otro. Burlar su aspecto físico. Ridiculizar su forma de vestir, hablar o caminar. Remarcar sus limitaciones cognitivas. Arrebatar sus pertenencias. Aislarlo del resto de compañeros. No dirigirle la palabra y cortarle todos los circuitos de comunicación. Correr rumores calumniosos contra él y su familia. Chantajearlo.
La intimidación es un comportamiento deliberado, repetitivo, consciente y hostil con la intención de mortificar al prójimo en cualquier espacio de intercambio social. Se trata de un comportamiento socialmente adquirido y, por tanto, susceptible de ser modificado.
Una vez dentro de la escuela, el ‘juego de las pertenencias’ se generaliza y trasciende su lógica originaria, impregnando todo intercambio. Ya todo juego es susceptible de ser dominando por la modalidad del bullying.
La violencia física, el sarcasmo, los insultos o la humillación no persiguen otra cosa que excluir a alguien de su grupo de pares, buscan poner en evidencia una inferioridad invalidante. El agresor intenta con ello reafirmar una supuesta superioridad que lo legitime en su liderazgo grupal, carente de otros medios para reafirmarla.
El abuso de autoridad se regodea en la facultad de segregar, de ‘desterrar’ al otro de un territorio que el agresor define como propio, donde quiere establecer reglas de pertenencia que perfilen una supuesta superioridad sobre el excluido.
Las confrontaciones físicas, si bien inevitables en circunstancias extremas, no ayudan en absoluto a resolver este problema. Los ‘pequeños tiranos’ que ejercen la violencia le dan la bienvenida y celebran su llegada como un logro propio, se trata del terreno al cual, precisamente, intentan llevar la convivencia.
Muchos de los sucesos de bullying aun hoy son subestimados cuando no simplemente ignorados por agredidos y observadores y por quienes tienen responsabilidad en la organización y gestión educativa, ya que el eje escolar privilegia la más de las veces el conocimiento por sobre la convivencia.
El bullying es un problema universal que atraviesa las sociedades más disimiles, desde las más pobres a las más exuberantes, superando toda frontera; podría decirse sin temor a la exageración, que es un típico producto de la sociedad de la información que ha estructurado patrones culturales que se reproducen por doquier.
Su tratamiento exige, por tanto, un abordaje integral que asuma un firme compromiso de resolución dentro y fuera de la escuela por parte de toda la comunidad educativa. Pero, donde debe ponerse mayor atención y debatir sus verdaderos alcances, es que un cierto tipo de bullying ha ido con el tiempo convirtiéndose en un instrumento idóneo de penetración al uso de la droga en la escuela, la pertenencia pasa a ser su consumo, el bullying se convierte en su inductor. Además, estudios recientes demuestran que la secuela más importante de ser víctima de acoso escolar es la soledad, la depresión, situación que hace a la víctima proclive al consumo de drogas. De modo que el abuso de substancias tiene un rol destacado tanto para los que quieren evitar ser víctimas de bullying como aquellos que ya lo son y consumen para escapar.
El bullying en este contexto deja de ser ‘una cosa de chicos’ que una sanción disciplinaria impuesta por un docente podría con simpleza resolver o una ‘notita’ a las padres alcanzaría para darla por saldada. La escuela libre de violencia necesita algo más, precisa entender cómo enhebrar la cultura que le viene de fuera con la que se pretende impartir desde adentro: ignorar la una o la otra significa contribuir a la fragmentación social.
Digámoslo con todas las letras, el bullying quiere sustituir a la escuela, imponiendo sus propias reglas, tal como pasa fuera donde la narcoterritorialidad quiere despojar al Estado del monopolio de la fuerza. 
A las prácticas de la violencia a cualquier escala que se nos presenten, debemos oponerles los métodos de la inteligencia. Debemos entender cómo en este mundo de extrema complejidad que nos toca vivir y nos somete a pruebas extremas, resolvemos nuestros problemas sociales respetando los derechos humanos.
Frente al bullying la consigna es ‘¡No te calles!‘, la víctima, sus compañeros, los docentes, los padres, deben generar un marco de diálogo en el ámbito escolar donde la agresión sea expuesta tal cual es y considerada como algo ajeno e impropio al proceso educativo, buscado las raíces del problema y asumiéndolo de frente.

http://www.cronista.com/opinion/Bullying-No-te-Calles-20120314-0012.html

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