Respuestas a la delincuencia juvenil

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2003 Mayo

Los menores delincuentes tienen personalidades frágiles, poco construidas y demuestran una profunda perversidad en su accionar, poniendo en evidencia una total desaprensión por la vida propia y la de sus semejantes.

Esta delincuencia desarrolla grupos de pertenencia: su núcleo duro es la "banda", en general comandada por un mayor, que se despliega en un "ghetto"— como un movimiento "territorializado", donde el espacio es dominado por el "tráfico". La delincuencia juvenil se mueve en un "ghetto narcotizado".

En un contexto donde la pobreza es demográficamente más joven, la delincuencia juvenil se masificó, es más violenta e involucra a menores cada vez más jóvenes, en el marco de una explosión de incivilidad.

La delincuencia juvenil es así un "módulo" de una cuestión más compleja, no se trata de un fenómeno que pueda ser tratado como un símbolo de rebeldía generacional frente al orden establecido: más bien se trata de una expresión más de la pérdida de la capacidad del Estado de imponer el orden.

Toda política que quiera resultar eficaz para enfrentar este mal social tiene que partir de la premisa de instalar otros valores en la mente y el espíritu de la juventud: de la banda a la comunidad; del ghetto al barrio, del tráfico al trabajo: ese es el tránsito necesario.

Organizar la comunidad para que este tránsito sea rápido y efectivo es una tarea central del Gobierno.

Para ello, antes que nada, hay que recuperar la calle para la gente, asumiendo un combate frontal contra el flagelo de la droga. Mañana, en cualquiera de nuestras grandes ciudades puede reproducirse la conmoción que agita hoy a Río de Janeiro.

A su vez, la restauración de valores se logrará conjugando educación y sanción en un conjunto integrado de acciones cuya finalidad sea reducir los motivos, la necesidad y las oportunidades de comisión de delitos por parte de menores, dando apoyo a comunidades locales en sus esfuerzos para implementar y desarrollar una prevención efectiva y coordinada de la delincuencia juvenil a fin de proteger la seguridad pública y dotando a las fuerzas del orden de capacitación y recursos para lidiar con este problema.

Educar sancionando y sancionar educando. Tenemos que redescubrir el valor educativo del límite, en todos los órdenes de nuestro quehacer como sociedad.

Ni garantismo ni mano dura: estricto cumplimiento de la ley. Hace falta liderazgo, coordinación y recursos para prevenir y dar respuesta a la delincuencia juvenil y la victimización.

Debemos abrir las escuelas todo el día y todos los días, como un espacio de contención para ganarle a la "escuela de la calle" en una frontal lucha contra el ausentismo escolar.

Menor en la calle, menor que debe ser llevado a "su" escuela para alimentarlo, protegerlo y educarlo.

Tenemos que involucrar a los propios jóvenes en la tarea de erradicación de la delincuencia, otorgándoles protagonismo en los programas de prevención.

Para los casos más complejos se necesitan programas correctos de reinserción social en unidades de detención adecuadas.

Los programas que diseñamos para jóvenes tienen en cuenta varios principios. Cada actividad debe identificar el "grupo-meta", determinar el espacio en que se encuentran y definir una estrategia en función de ello.Los programas más efectivos incluyen varios tipos de actividad, porque está claro que una actividad aislada no resolverá el problema de la violencia juvenil.

Nos dirigiremos a varios aspectos de la violencia: factores que influyen en el comportamiento (conocimientos y actitudes), el comportamiento mismo (portar armas) o los resultados de la violencia (heridas o muerte).

Desde este análisis, proponemos, por ejemplo, la apertura de las escuelas de 8 a 24, un plan de lucha contra el ausentismo escolar, la creación de una policía juvenil que los incluya en la resolución del problema, establecer prioridades para los jóvenes en el Plan Alimentario Nacional y, sobre todo, creemos prioritarios apoyar a las comunidades locales en sus esfuerzos por desarrollar e implementar una prevención efectiva y coordinada para proteger la seguridad pública.

Nadie puede sentirse ajeno a este problema. Sólo una masiva participación de la comunidad en el diseño e implementación de políticas de Estado de seguridad podrá permitirnos recuperar el espacio público como un bien de usufructo común.

NOSOTROS

Presidente del Centro de Estudios para la Convergencia Ciudadana. Una asociación civil, integrada por un equipo multidisciplinario de profesionales idóneos de vasta y reconocida experiencia en las áreas y temáticas descriptas en su objeto estatutario, aprobada para su funcionamiento, por resolución de la Inspección General de Justicia N° 1506 del 24 de noviembre del 2003.

paolaspatola@gmail.com

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